Correo Fac. Filosofía e Historia, Universidad de La Habana
Ciertamente, en los ochenta y en los primeros noventa, Jaén era un personaje pintoresco en la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana. Con una musculatura trabajada celosamente en el gimnasio, decenas de cicatrices por todo el torso y una artrosis en las piernas que lo condujo a asistir a trabajar en sandalias, se le recuerda por aquellos años. Por supuesto, también por sus poemas de ocasión y su habitual faena en el mimeógrafo. Quizá pocos saben que casi había acabado la Licenciatura en Historia. Una asignatura atragantada a mitad de uno de los cursos finales, lo había convertido en el eterno pretendiente al título. Esa era una de sus conversaciones favoritas. La otra, era sobre su participación en las revueltas estudiantiles de los años cincuenta. Muchas veces llenó de aventuras con el Directorio Revolucionario, aquel muro emblemático a la entrada de la Facultad. De hecho, a él se debe un reajuste en el término “clandestinaje”. Fue en medio de una conversación con un joven profesor de Historia de Cuba, al preguntársele porqué no se le mencionaba en ninguno de los testimonios de los sobrevivientes del Directorio Revolucionario 13 de Marzo. “Por que yo si era un verdadero revolucionario clandestino”, respondió sin pensarlo dos veces. Y ahí quedó, para la historia del pensamiento político. 
