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El espía colgado (IV)
Enviado por ei en junio 1, 2009 – 8:08 am
Mike Miqueles
Tras el sandwich de pavo y la Coca Cola, el psicólogo Carlos Álvarez reconoció que paró de enviar información a la inteligencia castrista en 1998, cuando se lo ordenaron como consecuencia del barraje contra la Red Avispa.
Así y todo siguió mandando correos electrónicos a ciertos «académicos que estén vinculados con la inteligencia», como Miriam Rodríguez, bien conocida en Miami por ser la única persona de la delegación cubana a LASA 2000 autorizada para hablar del affaire Elián González. Justamente en un taller, donde también participaron Sylvia Wilhem y Uva de Aragón, Álvarez conoció a Alberto Coll, quien «padecía de una depresión bastante grande [posiblemente por] su experiencia en favor de Cuba».
En ese mismo taller tomaron parte tres «académicos» de la Isla: Mercedes Rodríguez, a quien Álvarez llama cariñosamente Meche, Angela Casañas y Antonio Aja. Álvarez insiste en que se alejó de todo al llegar «el momento en que se convierte aprensiva la cosa cubana». Y no supo más de Miriam Rodríguez, aunque «indirectamente sé de ella por Sylvia [Wilhem]». Otros nombres que van cayendo son Pedro Fuentes, relacionado con Meche; Tony Hernández Frías, «que había ido al diálogo conmigo»; y Carlos Saladrigas, porque Álvarez se lo propuso a Amado Soto como «hombre muy decente comprometido con la visión de apertura [y] es una lástima si Cuba no se daba cuenta».
Tamibén aparece en la relación de Álvarez una tal Margarita, «hija de Ricardo Alarcón», pero solo porque Álvarez habló con ella para facilitar el viaje a Cuba de una «monjita que canta». De lo que no puede quedar duda es que tanto él como su esposa, Elsa Prieto, disfrutan mucho la «música religiosa». Y entonces los oficiales del FBI le preguntaron cuál de los dos cantó primero a Castro. Álvarez dice que ninguno: cada cual lo hizo por su cuenta y casi al mismo tiempo. Ambos se conocieron «por el Instituto de Estudios Cubanos» y terminaron empatándose (septiembre 22, 1979). En visita posterior a Nueva York, mientras él fue a ver a Meche, ella tuvo «algún tipo de conversación con [Jesús] Arboleya». Entonces «nos lo revelamos uno al otro: [teníamos] una misma visión de la cosa cubana».
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FOTO: Marakka2000