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50 Años de Lucha de La Rosa Blanca

Enviado por en febrero 1, 2009 – 15:30 pm

Lincoln Díaz-Balart

(Palabras pronunciadas por el Congresista Lincoln Díaz-Balart en un almuerzo el domingo, primero de febrero de 2009, en Miami, en conmemoración de 50 años de la creación, en Nueva York el 28 de enero de 1959, de La Rosa Blanca, la primera organización formada para luchar contra la dictadura de Castro en Cuba)

Recordaba, al escuchar las palabras de Liberato Vega, como mi padre decía que Liberato, como su jefe de despacho, había sido fundamental para la gran cantidad de servicios que él pudo prestar a personas necesitadas a través de su carrera política. Y la organización de éste acto es otra muestra de la forma en que mi jefa de despacho, Ana Carbonell, ayuda a la causa de la libertad de Cuba. A Ana Carbonell y su esposo Augusto Monge, mi profunda gratitud.

Como explicó el amigo Delfín Rodríguez Silva en sus palabras de apertura, Rafael Díaz-Balart salió de Cuba el 20 de diciembre de 1958 con su familia y su socio de bufete de abogados, Rolando Amador, en un viaje de negocios a Francia. Teníamos planes de regresar todos a Cuba en los primeros días de enero. Ante la noticia de la toma del poder por Castro, fuimos para España, donde amigos españoles ofrecieron a mi padre ayuda para que allí se quedara y recomenzara su carrera de abogado. Pero él llamó a su amigo en Nueva York, el Congresista americano Víctor Anfuso, y le dijo que el día 15 de enero estaríamos llegando a esa ciudad, que iba para Estados Unidos para comenzar la larga y difícil lucha contra la dictadura de Castro.

El día después de llegar a Estados Unidos y de no ser devuelto a España solo por la intervención directa y decidida, en el aeropuerto donde nos estaba esperando, de su amigo Anfuso (nos dejaron entrar “en parole” y mis padres tenían que presentarse cada mañana en persona en las oficinas de inmigración en Manhattan), el 16 de enero de 1959 Rafael Díaz-Balart escribió un ensayo que, al leerlo 50 años después, refleja su extraordinaria visión de futuro. Explicó cómo, durante casi todo el Siglo 19 los cubanos estuvieron peleando por su libertad.

“En todo ese tiempo, miles de cubanos murieron, bien en los campos de batalla, o perseguidos por la policía española en las ciudades, o denunciados y hechos prisioneros y desterrados. El propio José Martí estuvo preso a los 16 años de edad por primera vez…

Cientos de cubanos, por otro lado, se unieron a los españoles para perseguir y matar a los cubanos. Se les llamo “guerrilleros” y fueron aun más crueles y sanguinarios que los propios soldados españoles.

Los cubanos los odiaban intensamente. Sin embargo, todos los grandes patriotas y libertadores cubanos, como los generales Máximo Gómez, Maceo, Agramonte y otros, y especialmente José Martí – El Apóstol- enfatizaron siempre que no sentían odios contra España ni contra los españoles ni contra nadie, a pesar de todos los horrores de que eran victimas los cubanos. Ni siquiera contra los “guerrilleros” predicaron el odio nuestros fundadores.

Por eso, no obstante haber muerto Martí antes de lograrse la victoria, su doctrina de amor prevaleció en el momento en que hubieran podido desatarse las bajas pasiones de los vencedores.

La doctrina de Martí, que es la doctrina de la República, se sintetiza en sus “versos sencillos”…
Cultivo una Rosa Blanca
En Julio como en enero
Para el amigo sincero
Que me da su mano franca

Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo
Cardo ni oruga cultivo
Cultivo La Rosa Blanca
El terrorismo indiscriminado utilizado por Castro no es cubano, es comunista y ruso. No es cubano.”

“Por otra parte, las multitudes preparadas para que griten su aprobación a los crímenes, no es justificación moral ni democrática alguna. Sabido es por los sociólogos tan ilustres como el sociólogo francés Gustavo Le Bón, que el cerebro de las multitudes no es el resultado de los cerebros individuales que la integran, sino un cerebro totalmente distinto, que actúa sencillamente por pasión. Por eso ese es el método preferido de todos los dictadores para tratar de justificar sus felonías. Así actuaba Perón, así trataba de justificar Hitler todas sus agresiones y Mussolini sus barbaridades. La multitud de Castro es como las de Mussolini y Hitler.

Además, si todo ello fuera poco, habría entonces que recordar la multitud a quien se dirigió Poncio Pilatos para preguntarle si perdonaba a Cristo o a Barrabas. El ejemplo no es exacto, pero sólo se cita para mostrar cómo es procedimiento de dictadores tratar de amedrentar con multitudes preparadas y como el pueblo, el Congreso y el gobierno de Estados Unidos no deben dejarse amedrentar por Castro, con esos procedimientos intimidatorios ya conocidos.

Todo evidencia que Castro puede convertirse fácilmente en uno de los más funestos dictadores de América, habiendo llegado al poder por la ayuda y la esperanza de toda la opinión pública de Estados Unidos y América de que sería un gran demócrata. Estados Unidos, por lo tanto, debe pensar en propiciar, en aquello que esté a su alcance, el futuro democrático de Cuba, el país de América tan cercano a sus costas… Sobre todo cuando Castro tiene a su lado lugartenientes notoriamente agentes del Kremlin, como el argentino “Che” Guevara y como Raúl Castro, su hermano, entrenado en Praga durante varios años.

La única posibilidad de que en el futuro se establezca un elemental equilibrio democrático en Cuba es que Estados Unidos permita ahora… que la oposición que podría tener Castro en el futuro, viva ordenadamente en su territorio… Si por el contrario se nos obliga a dispersarnos, a alejarnos de Cuba, ¿Qué esperanzas de democracia y de equilibrio político tendría nunca Cuba?”

Hasta ahí su ensayo del 16 de enero de 1959, que, como es natural, nadie le publicó. Pero, a pesar de las traiciones y los sinsabores de los años siguientes, se fue aglutinando, no se dispersó, se fue uniendo, y fue creciendo – sigue creciendo – la oposición a la tiranía, en Estados Unidos. Y hemos continuado la lucha sin claudicar jamás, de generación en generación. Como en Cuba nunca han dejado de pelear por la libertad, y los calabozos de la tiranía siempre han estado y siguen llenos de los mejores cubanos- del glorioso presidio político.

12 días después de escribir ese ensayo, el 28 de enero de 1959, junto a su padre, junto a sus hermanos Frank y Waldo (siempre a su lado), a su cuñado Juan Caballero y un puñado de cubanos, algunos de ellos emigrados desde años y residentes en Nueva York, hombres como Pedro Peña Góngora y George Fernández que habían peleado como voluntarios en el ejército de Estados Unidos durante la segunda guerra mundial, Rafael Díaz-Balart proclamó la creación de La Rosa Blanca para denunciar los crímenes que desde el primero de enero estaba cometiendo Castro. Y en Cuba, los que estaban siendo torturados en las ergástulas, y los familiares y amigos de los fusilados, y todos los que estaban – y estarían en el futuro – recibiendo la agresión feroz del monstruo totalitario, supieron que alguien estaba alzando una voz para protestar por los horrores que padecían. Y comenzaron a adherirse, cubano por cubano y cubana por cubana, a La Rosa Blanca, dentro de la isla encadenada. Hoy en día, como escuchamos en la llamada telefónica desde Cuba de la patriota Felicia Guillen Amador, de Fomento, Sancti Spíritus, hay miembros de La Rosa Blanca a través de la isla trabajando en favor de los derechos humanos y del añorado día de la libertad.

La Rosa Blanca fue combatida no solo por los castristas, fue perseguida por las autoridades de Estados Unidos. Rafael Diaz-Balart hasta fue a la cárcel por cargos falsos, que luego fueron desestimados cuando el gobierno de Estados Unidos descontinuó su política de apoyo a Castro a mediados de 1960. Fue la única organización, en la historia del exilio cubano, que ha tenido que inscribirse como agente extranjero en Estados Unidos. Cuando mi padre le preguntó al Departamento de Justicia de Estados Unidos, “Estamos luchando contra la dictadura cubana; ¿de quién somos agente?”, le dijeron que inscribiera a La Rosa Blanca como agente de La Rosa Blanca dentro de Cuba. Y en los documentos de inscripción, cuando el formulario preguntó “¿Quiénes en Cuba ustedes representan?” el contestó “everyone” (“a todos los cubanos”). Por favor vean copias de ese documento aquí hoy, en la parte de atrás del salón. La Rosa Blanca fue vetada por las autoridades de Estados Unidos de participar en la gloriosa invasión de Bahía de Cochinos en 1961. Y tras la crisis de octubre de 1962, cuando Rafael Diaz-Balart confirmó que ambas superpotencias existentes habían pactado la protección de Castro a cambio del retiro de Cuba de los cohetes soviéticos, se trasladó para España y comenzó a estudiar, a prepararse para ser lo más útil posible a la reconstrucción democrática de Cuba después de lo que él veía que iba a ser un larguísimo calvario totalitario para todos los cubanos.

Otros pudieran haber estado satisfechos con los éxitos profesionales y empresariales que él obtuvo, pero Rafael Diaz-Balart no dejó de amar a Cuba ni de pensar en su pueblo oprimido, ni por un día.

Hace ocho días, encontré en una maleta de viejos documentos que guardó tan responsablemente la viuda de Pedro Peña, una carta de Rafael Diaz-Balart escrita en España en el quinto aniversario de La Rosa Blanca en enero de 1964, a Pedro Peña, George Fernández, y el Dr. Domingo Gómez Gimeránez, el ilustre médico y científico exiliado cubano que había sido colaborador de Albert Einstein y que había honrado a La Rosa Blanca al aceptar su designación como Presidente, arriesgando no solo su cátedra y centro de investigación en la Universidad de Nueva York sino hasta su seguridad física y la de su familia. (Por cierto, años más tarde, después de hablar, a finales de la década de los 70, en el funeral de Gómez Gimeránez, donde Rafael dijo que si no hubiese sido un cubano exiliado Gómez Gimeránez hubiera recibido el premio Nóbel, el doctor Severo Ochoa, Nóbel en medicina español, se le acercó y le dijo que era verdad, que Gómez Gimeránez merecía el premio más que él). La carta de Diaz-Balart a Pedro Peña y George Fernández en enero de 1964 lee:

“Mis queridos amigos:
Esta carta espero que llegará a vuestras manos el 28 de enero, aniversario del natalicio de José Martí y el quinto de la fundación de La Rosa Blanca.
Ustedes, con el Dr. Domingo Gómez Gimeránez, son para mí el símbolo supremo del patriotismo, el coraje y el espíritu de sacrificio que dio vida a aquel esfuerzo riesgoso e ingente que protestó de los crímenes y atropellos contra otros cubanos cuyo vía crucis dentro de la patria se efectuaba impunemente por los verdugos ayudados por las desbordadas y más insanas pasiones de la plebe, por la cobarde actitud de otros que eran cómplices por su silencio y por los aplausos crueles de personajes que contaban con instrumentos de publicidad que decían servir a la nación en quiebra.
Nunca tan pocos han protestado tan solos por los crímenes de tantos a los que aplaudían tantos.
Pero eso no resta pureza al esfuerzo ni gloria al deber cumplido. No importa que los tantos que aplaudieron tanto triunfaran por mucho tiempo en que se desconozca la actitud de los pocos que protestaron contra los crímenes tan cruelmente aplaudidos.
No importa que las circunstancias materiales nos obliguen a estar apartados de la patria y de las posibilidades de recibir ayudas en nuestros ideales libertarios. Eso no resta ni restará jamás intensidad a nuestros ideales ni firmeza a nuestra decisión de ser útiles a Cuba, a su libertad y felicidad en todo momento y ocasión que el destino nos permita utilizar. El hombre es él, mas sus circunstancias. Otros han gozado de oportunidades a favor de la patria y no han querido o no han sabido utilizarlas. Ojala a otros con mayor decisión y talento, y con el espíritu de sacrificio y la decisión de holocausto se le presente pronto la ocasión de libertar a Cuba. Y si desgraciadamente así no fuera, tal vez Dios, el destino, nos ofrezca algún día la oportunidad de dar nuestras vidas por que la patria sea libre y sea feliz. Dios sabe que si alguna vez de nosotros se requiriera cualquier sacrificio en tal alto objetivo, no titubearíamos un instante en ofrecerlo gustosamente… Y que si las circunstancias alguna vez fueran oportunidad para nosotros en el sendero del servicio patrio, sabríamos utilizarlas al máximo de eficacia y devoción.
“Para rendir tributo ninguna voz es débil”, dijo nuestro Martí. Desde el fondo de una cueva es útil una voz si clama por justicia. Mi voz es hoy muy débil, tanto que no tiene como hacerse oír. Pero eso no puede impedirme levantarla, en estas líneas a ustedes – y a través de ustedes a todos los hombres y mujeres que en las calles de Nueva York ofrecieron su sangre voluntariamente para protestar por la sangre cubana que se derramaba en Cuba en los paredones infames cuando nadie más protestaba por la ignominia – y lo hago aunque solo ustedes dos y el Dr. Gómez Gimeránez lean esta carta y aunque a ustedes solo interesara.
Cuando fundé La Rosa Blanca, dije que si éramos solo ocho o nueve, debíamos estar dispuestos a ser algún día dos o tres. Y que aunque nadie mas estuviera algún día dispuesto a ser de La Rosa Blanca, mientras yo viviera, tendría un miembro La Rosa Blanca. No por capricho, sino porque estimaba y estimo que cuando las mayorías cometen injusticias es deber de las minorías – por exiguas que sean – protestar de esas injusticias. En enero de 1959, las mayorías en Cuba y en el mundo evidentemente estaban embriagadas junto a Castro y sus secuaces. La orgia de sangre, de torturas y venganzas que éstos desencadenaron en nuestra patria sin respeto alguno para los conceptos no ya de justicia sino que ni siquiera de civilización y humanidad, no variaron la embriaguez plaudente de aquellas mayorías… Resultaba impopular, riesgoso y casi indigno – a la luz del mundo – levantar una voz para protestar entonces. Pero eso hicimos nosotros arrostrándolo todo y sin que nada ni nadie nos amedrentara.
Cuando llegue a vuestras manos esta carta harán cinco años de aquel grito que salio de nuestros corazones al conjuro del amor por los que en Cuba sufrían y no podían gritar…
Con una lágrima en el alma recordamos hoy que todavía sufren no solo los que entonces sufrían sino todos en Cuba, incluso los que aplaudían por el sufrimiento de los primeros. Y el mismo amor que sentimos cuando protestamos por el sufrimiento de los pocos, lo sentimos hoy por el sufrimiento de los muchos. Y la misma oración brota de nuestro espíritu: Dios Nuestro, permite que podamos ser útiles en el sendero de la salvación de Cuba.
Los abraza,
Rafael”.

Rafael Diaz-Balart siguió estudiando y preparándose toda su vida para ser útil en el sendero de la salvación de Cuba y en su reconstrucción democrática.

Y creó un cuerpo de pensamiento, cuyo marco está en el Programa de La Rosa Blanca, para contribuir a que la Cuba libre del mañana – que ya se acerca – sea verdaderamente una república de “todos, con todos y para el bien de todos”. No una república en manos de unos grupúsculos plutocráticos o de mercaderes sin escrúpulos. Un cuerpo de pensamiento jurídico, constitucional, político y económico para que Cuba sea una nación fundamentada en un verdadero Estado de Derecho, en instituciones y no en personalismos.

Y así va a ser. Los cubanos y las cubanas nobles, abiertos a la verdad, sin envidias ni rencores, al ir descubriendo ese cuerpo de pensamiento que nos dejó Rafael Diaz-Balart, perciben su importancia para un futuro digno y próspero para Cuba. Una de ellas, Zoé Valdés, por ejemplo, en su más reciente libro titulado “La Ficción Fidel”, al hablar del libro de las memorias de Rafael Díaz-Balart, “Cuba: intrahistoria. Una lucha sin tregua,” y del cuerpo de pensamiento de La Rosa Blanca, escribió:

“No puedo cerrar sin hacer alusión al proyecto de toda una vida que es el corazón de este libro: el sueño o ideal humanista, político, social, económico, que es La Rosa Blanca, y que como ningún otro proyecto nos enfrenta en el espejo y nos invita a mirarnos en la Cuba del mañana, con dignidad, sin complejos de culpa ni de superioridad. Porque como dijo Rene Ariza en “Conducta Impropia”, el documental de Néstor Almendros, debemos cuidarnos “de ese Fidel Castro que todos llevamos dentro”.

A eso también apunta, en palabras políticas, el texto de La Rosa Blanca, a una claridad crítica, dentro de espacios diferentes, pero comunes de libertad. ¿Quién puede argumentar que los cubanos no contamos con un proyecto político para después de que Castro se haya ido? Lo tenemos en La Rosa Blanca…”

¡Como yo admiro a Zoé Valdés, esa mujer tan valiente como talentosa! El cuerpo de pensamiento de La Rosa Blanca y su devoción por el amor laico a los cubanos de Martí, serán una semilla que dará fruto como un partido político democrático que no podrá ser vetado, como ningún partido político podrá ser prohibido, en la república libre que se acerca. La Rosa Blanca será un partido político que reunirá a cubanos de todos los sectores de la nación alrededor de ideas, de objetivos, de planes e ideales en servicio de la nación, del hogar y santuario nacional que cobijará a todos los cubanos. Son los partidos políticos así formados, como nos recordaba continuamente Rafael, eficaces antídotos contra el clasismo, contra el racismo, y contra los fanatismos teocráticos, tecnocráticos, políticos, sociales o de cualquier otro tipo.

Conmemoramos hoy 50 años de lucha de La Rosa Blanca, con fe absoluta en la resurrección de Cuba libre, con supremo amor por el sufrido pueblo de Cuba, con total devoción por el presidio político y admiración por los valientes opositores internos de todos los pensamientos democráticos, y repitiendo la oración de Rafael: Dios Nuestro, permite que podamos ser útiles en el sendero de la salvación de Cuba.
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