Daisy Ballmajo.
Tan mediática como la reciente enfermedad de Castro, fue alguna vez una fractura ósea que la periodista Daisy Ballmajo se hizo en La Habana. Demasiados pormenores y ánimos en torno al percance, así que vamos a dejarlo (por ahora).
En la Televisión Cubana Daisy realizó programas sobresalientes; el más recordado es, sin dudas, “A Capella”, donde se imponía con una convincente alquimia entre inteligencia y “frivolidad”. Aún hoy, entre otras mañas, esa combinación continúa siendo una de sus grandes virtudes artísticas.
Guantanamera de nacimiento, habanera por estilo, se graduó en la Licenciatura de Periodismo en la Universidad de La Habana en 1991. Pero sigue estudiando y lleva en su carcaj libros y revistas útiles.
En estos días, por cierto, un volumen de Reinaldo Arenas la escolta destinado a abrirle los caminos que le faltan; esa delgada telita liminal que separa a los artistas de la consagración definitiva.
Su agilidad intelectual, la cultura sedimentada y el aliño de su simpatía le permiten “colar” secciones de interés en cualquier tipo de programación. Por muy elemental que sea. Si por añadidura cuenta con un director sagaz (que los tiene), es cuestión de tiempo el que llegue a imponerse. Ya lo verán.
Hará como un año, un poco más, recibí un inusual correo desde República Dominicana firmado por Daisy Ballmajo. Ni imaginaba entonces que podía venir a residir a Miami. Tampoco que se me convirtiera, en poco tiempo, en una entrañable amiga. De esas que desaparecen, sin remedio, dejando constancias por todas partes.
Ella y Bobby Salamanca Jr., su esposo (otro “un mi amigo”), merecen lo mejor del mundo. El sur de La Florida es un lugar donde van a encontrarlo.
Emilio Ichikawa.
Enero-2007.

